No tirar el gato 

Escrito de Juan Perón

La inteligencia política de Frondizi era de marca "radical". Consistía en hablar sobre un problema hasta enronquecer. A este parloteo verborrágico los radicales llaman resolver problemas. 

Yo le llamo hacerse gárgaras. 

El error de mayor bulto de Frondizi, fue el de no tirar el gato en la primer noche de su viaje de bodas, de sus nupcias con la Providencia. 

Después resultó tarde. En cuanto finalmente se decidió a hacerlo, los factores de poder lo tiraron a él. 

Frondizi me parecía una suerte de domador de leones hambrientos, capaz de asegurar el exilio del espectáculo con el sacrificio gradual y paulatino del equipo de sus colaboradores. Una vez les entregaba como carnada un ministro; otra vez; un vicepresidente; en alguna otra oportunidad, un asesor técnico, o un amigo íntimo. Cuando se le acabaron las víctimas de su lista, él mismo pasó a ser pasta de los leones. Frondizi no respondió a ninguno de los compromisos contraídos con el pueblo, porque jamás pensó en cumplirlos. Lo prueba el hecho de que rubricó no menos de media docena de solemnes juramentos, que a menudo se contradecían en un cien por ciento. No hubo más remedio que organizarle una derrota, así como le organizamos una victoria. "El éxito -dijo Napoleón- se construye, el éxito se realiza". Él ha afirmado una teoría que, para mí, es lo más valioso que se puede encontrar en la conducción: una verdadera "trouvaille", como dicen los franceses. En la teoría que el "hombre del destino" esbozó en varias oportunidades, dijo: "el éxito no depende de la suerte, tampoco de la casualidad, y no es siquiera un designio del destino". Es decir, obraba persuadido de que el éxito se concibe, se prepara, se organiza, se realiza, y se explota, porque el éxito de los hombres está en los hombres mismos, está en su propia acción. 

La mejor definición que se puede dar de un conductor es llamarlo "constructor de éxitos". Es decir, que es un hombre que recibe un elemento -que es una situación y que se señala un objetivo -que es lo que él debe lograr- partiendo de esa situación. Entonces él concibe. El éxito es alcanzar el objetivo. Lo prepara, lo organiza, lo realiza y cuando llega, le saca provecho. La conducción es, lisa y llanamente, la construcción de éxitos y el conductor es un constructor de ellos. Quiere decir que el éxito puede construirse. Algunos, en cambio, optan por atribuirlo a la casualidad, a la suerte, o la fortuna. Evidentemente, hay algunos éxitos casuales, pero en un hombre que obtiene ochenta éxitos puede haber tres éxitos casuales. Los setenta y siete restantes los ha construido él mismo

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